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Si Jair Messias Bolsonaro recibió el visto bueno del Soberano brasilero para gobernar, por qué sus adversarios políticos no lo dejan cumplir su mandato constitucional y si ha cometido falta grave acusarlo o enjuiciarlo después de cumplida su gestión durante el período pautado, no en el curso de su gobierno, pero, por lo visto, pretenden hacer con el Presidente brasileño lo mismo que hicieron con CAP sus adversarios venezolanos, provocando inestabilidad, agitación y un desconcierto nefasto, tan nefasto para la estabilidad que bien requiere una nación que aspira avanzar y progresar.
Existe la tendencia, sobre manera en los países del trópico como Venezuela, de torcer de alguna manera la voluntad popular, o reprocharle al Soberano lo equivocado que estaba al votar mayoritariamente por un candidato determinado. Para evitar este desagradable reproche individualista se estableció el Referendo Revocatorio a mitad del período presidencial, en el caso de Venezuela, pero no todos los países disponen de este mandato constitucional. Muy bien la disposición aunque mandatarios hubo, existen o habrá irremisiblemente que se valen de su posición ventajosa para que esta disposición no se cumpla o por lo menos sea muy difícil y cuesta arriba el proceso. Es la inconformidad de quien logra ponerle la mano al bastón del Poder o del Gobernante que acepta los consejos perversos de quienes merodean a su sombra.
Eso, de que el pueblo no se equivoca, es un mito. El pueblo es amorfo, no tiene una estructura interna definida. La masa cuando no es bien modelada, envuelve lo malo, lo mediocre y lo bueno. En la viña del señor hay de todo, dice el adagio popular y es regla admitida que una fruta podrida en un canasto, hecha perder a las que están aglomeradas con ella. Por eso es ideal y conveniente el sufragio o elección indirecta, es más selectiva y no iguala el voto consciente con el emitido por un analfabeta. Afirmaba el filósofo Platón alumno de Sócrates, que los Gobiernos deben estar en manos de los sabios y no de los aventureros o de hombres que pueden engañar por su palabra fácil. (Af).

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FuenteAmérico Fernández
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