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El proyecto educativo más revolucionario del Oriente del país hoy destruído por la peste roja, representa la expresión de odio y desidia de quienes en mala hora llegaron al gobierno para destruir todo.

No se trata de cualquier cosa. La Universidad de Oriente (UDO) con sus núcleos en Monagas, Anzoátegui, Bolívar, Sucre y Nueva Esparta, además de sus distintas extensiones, es de las obras más emblemáticas del progreso que se construyó en el esplendor de los 40 años de gobiernos democráticos y progresistas.

En sus aulas más de 6 generaciones de venezolanos se formaron en la excelencia y bajo el auspicio del Estado. Médicos, Bioanalistas, Ingenieros, Agrónomos, Veterinarios, ya varias de esas generaciones desperdigadas por el mundo gracias a la diáspora que provocó la oligarquía chavista, robándole sus sueños de alcanzar sus profesiones para servirle al país y levantar sus familias en suelo patrio.

Profesionales en su mayoría excelentes, lanzados al desecho con salarios de mendicidad y sin posibilidad de surgir.

Aunque esto pareciera lo peor, no lo es tanto, como el desmantelamiento de toda su arquitectura orgánica, física y operativa, que impide la continuidad de la formación al futuro.

El PSUV y sus 23 años de barbarie en el manejo de los asuntos públicos ha hecho todo por sepultar a la UDO, que ya sin docentes ni estudiantes, en todos sus núcleos a duras penas sostiene plantas físicas en ruinas y totalmente desvalijadas.

El odio y la saña con que se ha actuado en contra de nuestra Alma Mater, la niña más preciada del proyecto educativo de la democracia no tiene límites. La UDO se está muriendo y aunque sus dolientes son muchos, no pareciera sobrevivir ante tanta violencia contra ella. La acción depredadora continúa con mayor frenesí, como alguna vez dijera mi maestro Luis Piñerua.

Se trata de un hecho bárbaro y primitivo que atenta contra lo más sagrado de una sociedad, la educación de sus hijos. Así, sin piedad ni contemplación quienes controlan el poder por estos días actúan en desmedro del futuro de nuestros jóvenes.

Frente a esta acción salvaje, propongo nos levantemos y nos plantemos firmes en la defensa de lo que está llamado a ser, desde sus orígenes, el proyecto educativo por excelencia para desarrollar a todo el oriente del país. Los Guayaneses más que nadie le debemos mucho a la UDO y tenemos el deber sagrado de salvarla.

Debemos honrar la memoria de sus fundadores. Su mentor Luis Manuel Peñalver debe estar allá en el cielo casi rogando que no la dejemos morir.

Aquí no se trata de banderas políticas ni posturas politiqueras, se trata de liderar la salvación y recuperación de nuestra amada Universidad de Oriente, La Casa Más Alta. No esperemos que otros lo hagan por nosotros. Es la hora de actuar. Manos a la obra. La UDO es nuestra.

Raúl Yusef

El Roble, 25 Oct/2021

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