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La emergencia hospitalaria estaba convulsionada, no era un día normal, en las calles de la ciudad se libraban batallas campales en protestas contra el gobierno lideradas por los estudiantes, todo olía a humo y gases lacrimógenos, el colapso llegaba a los pabellones abarrotados de médicos, enfermeras y familiares, la mayoría de las víctimas de heridas eran precisamente estudiantes de Medicina, Bioanalisis y Enfermería de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Oriente, el alma mater de la Ciudad, cuyos estudiantes lideraban los restantes grupos estudiantiles. Una ambulancia se detiene abruptamente frente a la emergencia hospitalaria y descienden de la misma unos jóvenes con cara de niños y unos cascos de la cruz roja con una camilla con un paciente con un disparo en la cabeza, no hacía falta adivinar que era un estudiante, todo era confusión y dolor, los médicos en cumplimiento de sus funciones lo ingresan al área de atención mientras otra gran mayoría se ofrece sin estorbar a colaborar en lo que puedan. Era un centenar de médicos pendientes de la evolución de quien formaba parte de su raíz formativa. Perdonen la crudeza del relato pero llegó sin parte de su masa encefálica, pero hasta que el corazón no se para por completo el médico no abandona la lucha por su paciente, fue reanimado seis veces, cualquiera diría que era inútil cualquier esfuerzo pero la rabia y la euforia por ser estudiante de medicina le insuflaba nuevas energías al equipo médico. En la escala de Glasgow con índice de mortalidad alta por debajo de 7 y el paciente no puede respirar sólo, en este caso sólo tenía 3. Perdía mucha sangre, la hemorragia era indetenible, era atendido por 2 médicos especialistas, 5 médicos residentes, 4 enfermeras y un centenar fuera del área de trauma shock. El hospital tiene un grado 4 sólo de nombre, no había guantes, sondas, hubo que incluso buscar en la casa de alguien una extensión eléctrica para el respirador artificial, el monitor de signos vitales a que estaba conectado el paciente no indicaba la tensión arterial y para completarla el paciente requería una tomografía que debía hacerse fuera del hospital en una clínica, porque el tomógrafo tenia años dañado. Debían buscar un cilindro grande de oxígeno para trasladarlo y una sonda orogastrica N° 18 que tardó casi una hora en ubicarse, cuando salen con el paciente los cuerpos de seguridad habían instalado estratégicamente unos parabanes de tela en forma de pasillo para evitar fotos o reseñas de prensa, los que fueron destruidos por los estudiantes. Dentro de la Ambulancia camino a la clínica el paciente tenia actividad eléctrica pero no tenía pulso, a eso se llama paro cardiaco y amerita reanimación cardiopulmonar, son compresiones de tórax de unos cinco centímetros repetidamente tratando de mantener el ritmo de al menos 100 veces por minuto, es agotador y extenuante, y cada médico que se turnó para hacerlo lo hizo con todas sus fuerzas, montados sobre el paciente y como si fuera suyo el corazón del muchacho, bajaron al paciente entre todos con un médico sobre el pecho del herido y así lo trasladaron por los pasillos, le suministraron adrenalina y atropina. Solicitaron una vía central que es un acceso directo de trasfusión por el cuello pero no había el yelco indicado y hubo de realizarla con varias vías periféricas con yelcos pediátricos. Con 15 minutos de reanimación salió del primer paro, pero en medio de la tomografía surgió el segundo, hubo de parar la prueba para reanimarlo, se montaron sobre el tomógrafo para reanimarlo, nadie tenía los trajes adecuados para protegerse de la radiación y tampoco parecía importarles, sobrevino el tercer y cuarto paro, ya debían regresar al hospital, si se moría que fuera al calor de sus compañeros, era una cuestión de honor, en la ambulancia de regreso le sobrevino el quinto paro y al estar hipotenso hubo de administrársele Norepinefrina que dono un compañero. Llegando al hospital le sobreviene el sexto paro y ya fueron sustituidos por médicos frescos quienes al igual entregaron todas sus fuerzas para reanimar a su compañero que lamentablemente no resistió y falleció antes de su ingreso a quirófano. Augusto Pugas de 23 años fue asesinado por militares y policías de esta Dictadura sólo por ejercer su soberano derecho a protestar, así fueron asesinados decenas de otros estudiantes y son mudos recordatorios de lo criminal que es este gobierno, por lo que todos quienes participan como candidatos de estas elecciones para lavarle la cara a la dictadura, no son más que cómplices de sus atrocidades y aliados de sus crímenes. Así o más claro? (Tomado de una crónica médica anónima por lo que no tengo a quien pedirle su venia para utilizarla. Lavidadenos.com) Seguiremos conversando. Claudiozamora06@gmail.com

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FuenteClaudio Zamora
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