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Nadie puede liderar a quien desprecia”. Ramón Piñango

El liderazgo opositor venezolano está en horas bajas. De eso no hay dudas. Acosado, penetrado, infiltrado, encarcelado, diezmado, fragmentado, exiliado, pero, peor aún, sin brújula y sin discurso. 

La población venezolana resiente esa crisis de liderazgo. Todos somos partícipes y testigos de que una gran parte de la población está completamente apática, indiferente, incluso, hostil con la política y más aún con una parte significativa de la dirigencia opositora que pareciera estar en un limbo mental y emocional, -casi divorciada-, de los estados anímicos, del hambre y otras necesidades, pesares y penurias de esa población que no ve otra salida a su situación sino emigrar.

Al respecto, creo necesario señalar que gran parte de la población venezolana puede comprender el hecho de que el accionar de la dirigencia opositora sea casi invisible a los ojos de esa población, debido a la parálisis que parece aquejarla como consecuencia de las amenazas, encarcelamientos ilegales y torturas a los que han sido sometidos distintos miembros de esa dirigencia, procedimientos todos en los que ha habido evidentes violaciones de Derechos Humanos, así como de distintos derechos y garantías constitucionales y procesales reconocidas por el ordenamiento jurídico venezolano.

Por otra parte, muchos venezolanos que permanecen en el país ignoran el paulatino pero indetenible proceso de cierre de emisoras de radio que se ha ejecutado a lo largo y ancho del territorio nacional. Solo en el 2022 han sido cerradas 86 emisoras, -desde el mes de enero y hasta finales de octubre-, ello conforme a una nota del 30 de octubre del servicio alemán de radiodifusión Deutsche Welle (DW).

En el mismo sentido, muchos desconocen el bloqueo al que han sido sometidas más de 2.000 páginas web contentivas de información, reportajes y datos que el régimen considera nocivos para su estabilidad, cierres y bloqueos ordenados todos por el organismo que rige las telecomunicaciones en Venezuela.

Así las cosas, es decir, vistas las dificultades que ha impuesto y sigue imponiendo el régimen para que la información, las ideas y el mensaje opositor sean difundidos y lleguen libremente a la ciudadanía, ésta sigue siendo generosa con esa dirigencia porque comprende la naturaleza del desafío que la misma tiene ante sí y sigue esperando un mensaje que sienta y considere asertivo.

Ahora bien, parte de la apatía, indiferencia y hasta hostilidad que siente la población hacia la política, y específicamente, contra la dirigencia opositora, vienen dadas por el hecho de darse cuenta de que varias de sus principales cabezas parecen incapaces de doblegar sus egos, ambiciones y apetencias personales. Parecen incapaces de reunirse y lograr acuerdos mínimos, de unificar un discurso, de ejecutar acciones, con estrategias y tácticas concertadas, y, en definitiva, de hacer propuestas sensatas que reflejen la idiosincrasia del venezolano y expongan las soluciones para lograr el país que todos, absolutamente todos los venezolanos, nos merecemos. 

Una vez que la oposición logre lo antes señalado y muestre al país la voluntad de gobernar, para todos, no habrá limitaciones en los medios y demás plataformas que puedan frenar el caudal emocional que está adormecido en la población.

La población no aguanta más ni merece seguir presenciando el desempeño de algunos “líderes” que parecen periodistas porque solo se dedican a reflejar la situación actual o a hacer denuncias sin proponer soluciones. Tampoco merece el performance de otros “líderes” que parecen más bien dar discursos motivacionales típicos de libros o seminarios de autoayuda. Ni merece el espectáculo de otros “líderes” cuyo discurso y propuesta se asemejan más a un curso de programación neurolingüística porque solo se refieren y difunden su visión paradisíaca, -casi utópica-, del país que vendrá después de, sin atisbar siquiera que el punto neurálgico es cómo lograr ese cambio y ese después de.

Seguir con esas actitudes, formas de proceder y estilos de liderazgo es despreciar a quienes supuestamente tratan o dicen liderar.

Ojalá esos líderes comprendan el sentido de estas líneas. Ojalá se den cuenta. Ojalá reaccionen. Todo el país se los reclama. Ojalá no sea tarde.

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