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“La verdad duele cuando te la dicen, porque sabes que es cierto”.

Américo De Grazia
Upata 28 de Noviembre del 2022

Cuatro hechos impactaron la opinión pública venezolana en los últimos días. El feminicidio perpetrado por el Gral de las FANB Luis Gonzalez Borjas en contra de su esposa Adriana del Carmen Morales Quevedo dentro de las instalaciones de Fuerte Tiuna, para inmediatamente suicidarse. El video que captó la escena, se hizo viral. El segundo evento se desarrolló al sur del Orinoco, en la ejecución del “Plan Roraima”, en presuntas operaciones para “combatir” la minería ilegal. El Gral Luis Hernandez Lárez, comandante estratégico operacional de las FANB, entre tantas cosas, anuncia el hallazgo de “fosas comunes con osamentas de víctimas humanas, asesinadas en circunstancias desconocidas”. El tercer episodio lo encarnó el propio gobernador del Estado Carabobo, Rafael Lacava, mediante videos públicos, notorios y comunicacionales en uno de sus acostumbrados bacanales y orgías en las plazas de Valencia. El cuarto capítulo fue otro video, el de un niño en Barquisimeto, sometido a tortura y presunta violación, por tres mujeres cercana a la familia. Todos los hechos retratan el profundo deterioro social que sufrimos en la Venezuela contemporánea. La des-institucionalidad y la barbarie como signo de nuestros tiempos. Con desenlace distintos y distantes. Por un lado la omisión, por otro, la justicia como circo, el aplauso fácil o cómplice y el honrar al asesino.

Todo esto es el resultado de dos décadas de decadencia, del lenguaje procaz, del insulto como instrumento político, el premiar la mediocridad, el estilo machista, altanero y caudillesco. Recrearnos en actitudes tribales, lejanas a la ciudadanía responsable, hurgan a diario en lo peor de cada uno de nosotros. Así como empobrecieron nuestro modelo de vida, también nos degradan como seres humanos. Disfrutan humillándonos. Poniéndonos hacer colas por gasolina, por gas u ofertas mercantiles; usar camiones para cargar animales como transporte público, a mendigar una caja de alimento, a la escasez de agua, al racionamiento eléctrico o las penurias inflacionarias.

Así terminamos aceptando como normal, que se le rinda homenaje castrense post morten al homicida de su propia esposa como si fuera un héroe de guerra. Mientras la víctima era echada a las fauces de las redes bajo un manto de dudas sobre su integridad moral. La suerte de la osamenta halladas de fosas comunes en Tumeremo, no alarman a nadie, ya no es motivo de mayores investigaciones, nadie se da por aludido, ni la fiscalía, ni la defensoria del pueblo, menos aún CICPC, nadie invierte tiempo en eso. Eso es acompañado de ligeras conclusiones, “….seguro eran malandros”. Nadie sugiere una misa por las víctimas desconocidas, menos aún, la solicitud de cristiana sepultura. ¿Identificar a las víctimas? la pregunta puede ser respondida con sarcasmo; “no somos suizos”. ¿Podemos saber el número de víctimas encontradas en las fosas comunes?, sino llevamos registro de los vivos afectados por la malaria, hay posibilidad qué se registren los muertos?; ¿cuál fue el destino final de las osamentas? probablemente dejar que los “muertos, entierren a sus muertos”. Sospecho que a partir de estos testimonios, cuando alcancemos algo de la ciudadanía perdida, sea trabajo de arqueólogos forenses. ¿ Diga Ud Sr Fiscal, que investigaciones adelanta sobre la conducta soez del gobernador Lacava?. Qué investigación adelanta sobre la lacerante conducta antisocial de la primera autoridad de esa región. Finalmente pudiéramos convenir que el video del niño torturado en Barquisimeto, ameritaba atención, cosa que celebramos, de ahí, a convertir el hecho en un circo al servicio del morbo colectivo del “Coliseo del tuit”, en donde las masas pedían a grito “la pena de muerte”, y el “fiscal emperador”, no se hizo rogar, al solicitar, “ vamos a evaluar, elevar la pena capital”. El circo romano del “Coliseo del Tuit”, se venía abajo en aplausos, mientras el fiscal giraba su pulgar hacia abajo en franca señal de ejecución.

Pudiéramos escribir una enciclopedia de eventos como estos durante las últimas dos décadas. Si se re-engancharon a los militares felones del 4F y el 27N; porqué no podemos rendirle honores post morten al oficial que mató a su esposa en defensa de su “honor”. Si aún hoy, no hay responsables de los soldados que quemaron vivos en Fuerte Mara, ¿ porqué debemos ocuparnos de unas osamentas halladas en fosas comunes? Si en VTV pueden editar conversaciones íntimas de algunos adversarios politicos al régimen, ¿qué impide, al “Batman de Carabobo”, mostrar sus propias obscenidades?. Lastimosamente lo del niño torturado, termina siendo más circo que justicia. Estamos frente la banalidad del mal.

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