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Cómo salir de una dictadura con votos.

Micro Análisis / Jesús Seguías

  1. Los chilenos hablaron. 42 años después, están decididos a poner fin a la constitución de Pinochet pero no quieren una nueva constitución radical. Quieren una constitución equilibrada y producto de un gran consenso nacional. Las constituciones exitosas son inclusivas, no extremistas. Son tiempos de gobernanza.
  2. La dictadura de Pinochet finalizó hace 32 años, pero los chilenos aun están lidiando con aquel elefante político. El plebiscito tenía como objetivo sepultar la constitución creada por la dictadura en 1980, pero la izquierda radical creyó que con su mayoría en la asamblea constituyente podían imponer a los chilenos sus políticas. La arrogancia los mató. Hasta el propio Boric está hastiado de ellos.
  3. El plebiscito en Chile debe motivar a una reflexión en todos aquellos que dicen que sí es posible derrotar a una dictadura con votos, tomando como referencia el referéndum que le dijo NO a Pinochet en 1988. Pero es recomendable conocer el cuento completo.
  4. Comencemos por lo primero. El reemplazante del dictador no fue un opositor radical del Partido Socialista, ni del Partido Comunista, ni del MIR. Fue Patricio Aylwin, un opositor moderado, militante del Partido Demócrata Cristiano, que justificó el golpe contra Allende como una medida necesaria para prevenir una “tiranía comunista”, y fue aliado de Pinochet al inicio de la dictadura.
  5. Sólo alguien como Aylwin podía lograr que Pinochet le entregara el poder. Y Aylwin no fue electo en unas elecciones primarias entre una gana variopinta de políticos ansiosos por ser presidente sino de políticos bien plantados que sabían dónde estaban parados y que entendían que desmontar aquella brutal dictadura debía ser el resultado de una inteligente movida de piezas que garantizara no sólo la victoria sino la capacidad de cobrarle aquella victoria al dictador y luego tener posibilidad de gobernar exitosamente.
  6. De ese tamaño era el reto de los chilenos. Un reto que exigía de los políticos un inmenso dominio de las realidades, una inmensa capacidad de desprendimiento de aspiraciones personales y de un inmenso compromiso con un país que exigía un cambio urgente (pero factible y no fantasioso).
  7. Las elecciones pasaron por acuerdos muy pragmáticos con la dictadura. El primer acuerdo pasaba por una “justicia transicional” donde ningún pinochetista sería perseguido ni enjuiciado. El presidente Aylwin (acusado mil veces de “colaboracionista con el régimen”) tuvo que aceptar tener a Pinochet como jefe absoluto de las Fuerzas Armadas durante 8 años.
  8. Los opositores chilenos de los años 80 comprendieron sabiamente que debían comerse en rodajas aquel elefante. No había espacios para el “todo o nada”. Por tanto, también sabían que el reemplazante de Pinochet no podía ser la figura más radical, que garantizara llevar a la cárcel a todos los criminales y ladrones que sostenían a la dictadura.
  9. Para la oposición chilena de entonces, el candidato presidencial capaz de sustituir a Pinochet debía tener muy claro que su misión fundamental era ser presidente para la transición a la democracia, es decir, restablecer la institucionalidad democrática y normalizar al país. Sólo eso, y ya era demasiado.
  10. Ese candidato presidencial ideal para reemplazar al dictador debía tener 3 fortalezas mínimas:
    • Tener una sólida formación y experiencia política para poder lidiar asertivamente con aquel reto.
    • Ser experto construyendo consensos, es decir, tener capacidad de lograr la mayor unidad nacional posible y sin pases de facturas ya vencidas por las realidades (de lo contrario, gobernar aquel país fragmentado sería una quimera).
    • Y la más importante fortaleza: caerle bien a Pinochet. El dictador y su gran equipo necesitaban sentir confianza en que no serían juzgados ni perseguidos. Y nadie de los partidos y lideres radicales gozaban de aquel nivel de confianza, por más que lo prometieran. Simplemente no eran confiables.
  11. Encontrar un candidato con esas características era un proceso que requería mucho aplomo, madurez y capacidad de desprendimiento en aspiraciones personales (por más legítimas que fuesen). Y por consenso escogieron a Aylwin. Signo de madurez y responsabilidad política con todo un país

@jesusSeguias

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