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Banca y Negocios @bancaynegocios

La cartera de créditos de la Banca venezolana cerró el primer semestre del año con un saldo de 2.961,7 millones de bolívares, como resultado del aumento de 88,7% desde diciembre de 2021 y un alza anualizada de 227,2%, según el Informe Bancario de Aristimuño Herrera & Asociados.

Estos datos hablan de una recuperación en medio de un contexto de menor inflación y devaluación del tipo de cambio.

Expresada en divisas, la cartera se ubicó en 534,6 millones de dólares al término de junio, una cifra que refleja un crecimiento semestral de 56,6% y una variación interanual de 89%, puesto que al cierre del primer semestre de 2021, el monto total de los préstamos bancarios era de 282,9 millones de dólares.

Evidentemente, una devaluación mucho más atenuada del bolívar está pesando menos en el valor real del crédito, pero sigue significando una carga que reduce la capacidad de tracción de los préstamos bancarios -por mucho, la mayor fuente de apalancamiento posible para las empresas- para conseguir un mayor crecimiento de la economía.

Como no existen cifras oficiales sobre el valor del Producto Interno Bruto (PIB), hay que valerse de estimaciones no oficiales. Por ejemplo, el economista y exjefe de la Mesa de Cambio del Banco Central de Venezuela (BCV), Hermes Pérez, considera que el valor del PIB se ubicaría 49.000 millones de dólares en este año. Otros economistas estiman una cifra de alrededor de 45.000 millones.

Sobre estos datos, la cartera de créditos al cierre de junio fue equivalente a entre 1,09% y 1,18% del Producto Interno Bruto (PIB) estimado para este año.

En el resto de América Latina, las carteras de créditos de los sistemas bancarios equivalen, en promedio, a más de 50% del PIB.

Evidentemente, aunque el crédito se está recuperando, no lo está haciendo a niveles suficientes. Todavía, más de 50% de los establecimientos industriales, por solo citar un ejemplo, se apalanca con recursos propios.

– Intermediación resistente –

Como resultado de un encaje legal que sigue siendo uno de los más elevados del mundo, ubicado en 73%, el índice de intermediación financiera de la Banca sigue siendo bajo. Al cierre del primer semestre, este marcador fue de 18,11%, 2,39 puntos por encima del reportado en diciembre de 2021 y apenas 1 punto sobre el nivel de junio del año pasado. Esta baja intermediación, permite registrar un muy bajo aporte de los ingresos por cartera de créditos en el total de los ingresos de la banca, de apenas 13,7% al cierre del primer semestre versus 41,5% al mismo semestre del año pasado. Los ingresos de la banca, provienen cada vez más de los ingresos por comisiones y volumen transaccional.

En condiciones normales y con una recuperación económica en proceso, la intermediación debería ubicarse entre 50% y 55%; sin embargo, las instituciones bancarias aún esperan una nueva reducción del encaje legal a niveles de alrededor de 65%.

El Ejecutivo nacional sigue resistiéndose a reducir el requerimiento de encaje legal a la Banca, porque esta es una herramienta del ajuste monetario que tiene en marcha. Parece que el temor -injustificado, porque el valor de los préstamos está indexado al tipo de cambio oficial- a que los créditos se desvíen al mercado cambiario sigue presente.

Un elemento que se debe subrayar es el esfuerzo de las entidades financieras por mantener la calidad de la cartera. Los datos son elocuentes: el índice de morosidad, en el cierre semestral, se ubicó en 0,69%, una reducción de 76% en comparación con el marcador de 2,95% de diciembre pasado; con un indicador de cobertura de la mora de 667,44%.

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