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Si la pregunta hiciese referencia al capital humano, la respuesta sería obvia. Pero, por tratarse del capital social deberán primero aclarase varios puntos. Uno es, porqué debemos invertir en capital social (propósito); pero, luego, debemos saber cómo hacerlo y qué resultados esperar. El acceso a una fuente renovable de recursos sociales, contenidos en nuestras redes (Lin, 2001, 2006), responde al porqué; y, para el cómo, nos apoyaremos en el novedoso modelo de Robison & Ritchie (2016), fundamentado en transacciones sociales, orientadas a la creación de bienes socioemocionales (BSE) y las inversiones en capital social, a través de formas humanas de expresarse que satisfacen necesidades de autoconciencia, autoestima e información utilitaria.

Entre los resultados que podemos esperar de las inversiones hechas en capital social, están la resolución de conflictos, mediante acuerdos por consenso, y la creación de equipos eficientes de trabajo. En ambos casos, el proceso en sí mismo, debe constituirse en oportunidad para la construcción tanto de BSE como de capital social; para lo cual, es importante contar con niveles de confianza que permitan explorar las diferentes perspectivas de los participantes. Validación emocional, demostración de preocupación sincera por el interlocutor y suministro de información pertinente a sus requerimientos, son efectos producidos por los BSE (Robison & Ritchie, 2016).

Numerosos autores han escrito sobre la autoconciencia emocional. Es importante saber en qué consiste, entre muchas otras razones, para entender la significancia de invertir en capital social. En términos sencillos, la autoconciencia se fundamenta en saber identificar nuestras emociones (escucharse a sí mismo). Si somos capaces de comprender nuestras emociones, podremos de igual modo mejorar la manera de interactuar con los integrantes de nuestra red personal. La autenticidad será una consecuencia, inmediata, porque actuaremos con conocimiento integral  de nuestros valores y en función de estos, produciendo en los demás una conducta recíproca.

Otro concepto, de necesaria comprensión para entender la importancia de hacer inversiones en capital social, es la autoestima, basada en evaluaciones que realizamos de nosotros mismos; y, adicionalmente, es un derecho que tenemos como seres humanos de estimarnos y de que se nos estime. También, se relaciona la autoestima con la seguridad o confianza personal que tiene un individuo (capacidad) para resolver problemas, suyos o de un colectivo. La sola idea de planificar es propia de individuos que confían en sí mismos y asumen riesgos; características, ambas, de todo inversionista y, con mucha más razón, de quienes invertimos en capital social.

Son muchas las herramientas existentes en el mercado, para ayudar a la toma de decisiones al inversionista en capital social; sin embargo, la experiencia nos permite recomendar el uso de la  Tecnología Social SAI, por ser de comprensión intuitiva, además de permitir no solo la creación de capital social (acceso), sino también su administración y utilización (movilización), con fines instrumentales (intereses personales y colectivos). En definitiva, invertimos en capital social con apoyo tecnológico, para sacarle el máximo provecho posible a los recursos sociales (Lin, 2001, 2006), contenidos en nuestras redes, a niveles de díada y de la estructura que estas conforman.

Referencias:

Lin, N. (2001). Social resources theory. In Encyclopedia of Sociology (second edition).
    —    (2006). Social capital. In the International Encyclopedia of Economic Sociology.
Robison, L. & Ritchie, B. (2016). Relationship economics: The social capital paradigm and its application to business, politics and other transactions.

Para descargar la versión más actualizada del libro completo (incluyendo todas las columnas publicadas a la fecha), haga clic en el siguiente enlace: Capital Social, José María Rodríguez, PhD. Además, para una introducción al tema, recomendamos ver el video CAPITAL SOCIAL: https://youtu.be/gRXjjZkCrzo.

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