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Una manera, original y pedagógica, de tratar el tema del capital social, podemos encontrarla en el libro sobre la economía de las relaciones sociales de Robison & Ritchie (2016), al presentarlo como un nuevo paradigma, bajo un enfoque ecléctico. El economista Lindon Robison, PhD y el politólogo Bryan Ritchie, PhD, integran en un solo modelo, interdependiente, los conceptos de redes sociales (relaciones interpersonales), bienes socioemocionales, bienes de valor afectivo, poder e instituciones, además del concepto de capital social, por supuesto. Estos componentes del paradigma son descritos por los autores con la ayuda de una tabla que, de manera didáctica, presenta su interdependencia; y, es ese, en nuestra opinión, el principal aporte de la obra, la cual está disponible también en español (“El paradigma del capital social”, 2019). Es un libro que recomendamos, ampliamente, como material introductorio al tema, en Hispanoamérica.

A manera ilustrativa, mostraremos la relación que establece el paradigma, entre el capital social, las redes, los bienes socioemocionales (BSE) y las instituciones. En primer lugar, los autores proponen que el capital social produce BSE, que al ser intercambiados entre actores sociales, aumenta el capital social. Otra proposición es que el capital social reside en las relaciones entre los integrantes de la red; y, el mantenimiento e inversiones del mismo, ocurren bajo reglas o instituciones, tan indispensables como las redes, para el funcionamiento de las organizaciones.

La importancia del bienestar económico es incuestionable, pero también la del socioemocional. A quién puede no gustarle tener casa, carro y demás bienes materiales, producto de su trabajo. Pero, eso no es suficiente; y, la prueba está en la gran cantidad de individuos que, a pesar de tenerlo todo, dicen ser infelices. Habitualmente, las causas están asociadas a la necesidad de BSE, los cuales han de provenir de nuestro capital social; es decir, solo podemos recibir soporte emocional de quien se haya ganado nuestro afecto personal. Igual ocurre con la aceptación de las opiniones provenientes de alguien de nuestra confianza, a quien de antemano tendríamos que reconocerle su capacidad e integridad, para poder evaluar nuestras virtudes y defectos.

En el modelo de Robison & Ritchie (2016), las instituciones (reglas) son un importante estímulo para las inversiones de capital social, porque las transacciones apoyadas en reglas (formales o informales), aceptadas voluntariamente por los actores sociales, tienen mayor probabilidad de producir resultados mutuamente beneficiosos. Análogamente, desinversiones en capital social pueden ser consecuencia del rechazo o falta de consenso en la aceptación de instituciones, por parte de grupos con intereses opuestos. Adquirir compromisos (BSE) entre partes en conflicto, sería casi imposible, de no haber suficiente capital social que las motive a mantener la unidad.

Tal como ocurre en el caso del capital financiero, es conveniente planificar nuestras inversiones en capital social; y, existen tecnologías que facilitan ese proceso. La Tecnología Social SAI, es un ejemplo. Como hemos visto, la producción de bienes socioemocionales (BSE) requiere de capital social (Robison & Ritchie, 2016). Empezar a acumular capital social, es muy sencillo; y, para ello, solamente hace falta definir proyectos personales, en cualquier ámbito de nuestras vidas. Es algo que se aprende con la práctica y que no es incompatible con la producción de bienes y servicios; más bien, debieran ser actividades complementarias: Producir dinero y BSE.

Referencia:

Robison, L. & Ritchie, B. (2016). Relationship economics: The social capital paradigm and its application to business, politics and other transactions.

Para descargar la versión más actualizada del libro completo (incluyendo todas las columnas publicadas a la fecha), haga clic en el siguiente enlace: Capital Social, José María Rodríguez, PhD. Además, para una introducción al tema, recomendamos ver el video CAPITAL SOCIAL: https://youtu.be/gRXjjZkCrzo.

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