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Foto: Gleybert Asencio

“Hay que vacunarse pero también hay que seguir usando mascarilla para disminuir la posibilidad de contagiarse o contagiar a otras personas”, explicó Manuel Figuera, médico internista infectólogo y presidente de la Sociedad Venezolana de Infectología.

Por Ivanna Laura Ordoñez @ivannalauraor

Caracas. En el mes de junio hubo 2518 diagnósticos positivos de COVID-19 en todo el país, lo que representa un aumento de 128,29 % en comparación con las cifras oficiales del pasado mes de mayo (1103 casos), según datos de la Comisión Presidencial para el Control y la Prevención de la COVID-19.

El estado que acumuló mayor cantidad de casos fue Zulia con 801 contagios en total. El resto con más de 100 casos son: Miranda (336), Caracas (299), Yaracuy (266), Bolívar (216), Carabobo (124) y Barinas (123).

A mitad de junio la Organización Panamericana de la Salud (OPS) registró un incremento de casos en América del Sur de 20,3 %. Según datos oficiales, en Venezuela los casos están aumentando desde finales de mayo. A partir de las últimas cuatro semanas hubo un aumento consecutivo de casos.

En la semana del 29 de mayo hubo 275 casos y la semana del 26 de junio se registraron 871 contagios en total. Además, la OPS estimó que ómicron sigue como la variante dominante que circula a escala mundial.

Sublinajes de ómicron

A partir de la semana epidemiológica 20 del 2022 el sublinaje BA.2 de la ómicron y sus linajes descendientes están disminuyendo, pero siguen siendo dominantes. A nivel mundial la prevalencia de los sublinajes BA.2.12.1, BA.5 y BA.4 están aumentando, explicó la OPS en su Alerta Epidemiológica del 15 de junio.

Los sublinajes son también conocidas como subvariantes de las variantes de la COVID-19.

“Ómicron de por sí es muy contagioso y estos sublinajes suelen ser incluso aún más contagiosos”, explicó Manuel Figuera, médico internista infectólogo y presidente de la Sociedad Venezolana de Infectología.

Estos sublinajes tienen un elemento característico que es la evasión inmune. Figuera explicó que esto significa que existe la posibilidad de que personas que anteriormente han tenido COVID-19, están vacunadas, y han desarrollado cierta cantidad de inmunidad, pueden volver a desarrollar nuevamente la infección pero con las características de estos sublinajes.

Diferencias con otras etapas de la pandemia

En comparación con 2020, cuando apareció la COVID-19, esta nueva etapa de aumento de casos tiene otras características. En el 2020 estábamos con una infección nueva, desconocida para la humanidad, donde 100 % de la población era susceptible y capaz de enfermarse. Había mucho desconocimiento y temor sobre lo que implicaba esta enfermedad, por eso inicialmente las medidas fueron de algún modo exageradas, explicó Figuera.

La posibilidad de hospitalización en esta nueva etapa es mucho menor en comparación con 2020 y 2021, al igual que la posibilidad de muerte. Cifras de Estados Unidos estiman que hoy en día las personas que están siendo hospitalizadas en terapia intensiva o que están falleciendo son principalmente personas no vacunadas contra la COVID-19.

Este es un elemento adicional que explica lo importante que ha sido la vacunación evitando la hospitalización. Sin embargo, hay que aclarar que las vacunas no evitan la posibilidad de infección. Las personas se están infectando pero sí están evitando la posibilidad de desarrollar la enfermedad severa, añadió Figuera.

Sobre la vacunación contra la COVID-19, Figuera insiste en la importancia de tener tres dosis de alguna de las vacunas disponibles en el país. En el caso de una cuarta dosis, como lo plantea el Ministerio de la Salud, plantea que son una opción más necesaria para los adultos mayores de 50 años de edad, sobre todo en los mayores de 70 años de edad y en las personas con distintas patologías.

Esta cuarta dosis está recomendada cuatro o seis meses después de haber recibido la tercera dosis.

COVID-19 prolongado

A pesar de que las vacunas evitan casos graves que requieran hospitalización o que haya mayor cantidad de fallecidos, el riesgo ante la COVID-19 se ha transformado a padecer secuelas tras padecer la infección. Las personas que se están infectando pudieran tener consecuencias que persisten más allá de 12 semanas”, relató Figuera

Algunas de las consecuencias que pueden aparecer son: problemas cardiacos, neurológicos, endocrinológicos, alteraciones de la memoria o mayor riesgo de diabetes. Estos casos, incluso, son diagnosticados en personas que desarrollaron infecciones leves o moderadas de COVID-19.

Hay que vacunarse pero también hay que seguir usando mascarilla para disminuir la posibilidad de contagiarse o contagiar a otras personas, añadió Figuera.

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