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Este día, quisiera hacer una reflexión, acerca del tema a ser abordado, cuando se trata de marchas y protestas de reivindicación de derechos de índole laboral.

Hoy vemos, que se convoca a marchas y protestas, con la sola consigna de «salario justo» sin una propuesta que soporte dicha petición, es decir, dejando en manos del patrono la potestad de establecer lo que pretende ser el «punto de exigencia» de los trabajadores y trabajadoras, sin tener claro realmente unificada mente cual es la exigencia.

Los educadores, los transportistas, los profesionales de la medicina, abogados, ingenieros, administradores, etc, los involucrados en la construcción, la siderúrgica, la metalúrgica, la eléctricas, el sistema de servicio público, en fin todo aquella persona involucrada en la forma dependiente de obtener una remuneración, no pueden tener la misma exigencia dada la característica de su actividad y exposición física o intelectual.

Vemos cómo se marcha para exigir un salario acordé, sin un propuesta real, por una parte y por la otra a diputados y gobierno presentando proyectos de ley que garanticen una proporcionalidad, entre el valor o costo de la cobertura de las necesidades esenciales (no básica) en cada centro familiar.

Cada año, vemos en esta fecha, cómo se desnaturaliza la razón de ser de tal conmemoración; recuerdo hasta hace poco, aproximadamente 23 años atrás, el día del trabajador, se refería a la unión para compartir un juego de bolas criollas, la preparación de actos culturales, compartir en lugares de esparcimiento y actos de reconocimientos por las actividades destacadas.

Hoy en día, eso literalmente ha desaparecido, aspectos esenciales como el desánimo, la falta de meritocracia laboral, la ausencia de aspectos esenciales de vida y la más palpable, la vejación estatal, han hecho de este día conmemorativo un día para exigencias.

Los diferentes factores presentativos laborales, han permitido la pérdida de dichos espacios que se habían ganado, debido al egoísmo, la tozudez, la falta de visión y preparación y la indebida orientación de las exigencias de sus representados.

La ley es un basamento primordial para establecer la garantía de los derechos exigidos, pero más aún lo es, la constante presencia y vigilancia de esos derechos.

La exigencia de un salario mínimo, por ejemplo, es la garantía de que nada se resolverá, de que inicialmente se adecuará a los requerimientos presentes, pero que nada servirá frente a factores exigenos, concurrente e inevitable en la pérdida de dichos ajuste monetario.

Debe comprenderse que, cada esfuerzo de prestación ajena, merece una retribución acorde para el día, es decir, que aquello que usted labore, le sirva para alimentarse, alimentarse a sus dependientes y adquirir esas cosas que, mediante su capacidad de maniobra e inteligencia, le permita ir adquiriendo mediante el ahorro o el endeudamiento sustentable.

Debe además, garantizar dicha remuneración al día, lo correspondiente para su educación, su recreación, su salud y otros aspectos de índole subjetivo y familiar.

De manera que, un día de salario, debe estar representado en todos esos factores, más los imprevistos que requieran atención y sean inevitables atender, es decir, que si usted en un día gana 1 unidad representativa de cualquier moneda en el mundo, esa unidad, debe ser suficiente para usted tener acceso y garantía de esa pequeña lista de esenciales factores de vida como trabajador.

Un salario que no se ajusta a la realidad de la vivencia diaria de un trabajador, es simplemente una explotación, cuando estamos en presencia del trabajo ajeno, por cuanto, la actividad propia y su insuficiencia es otro factor a ser incluido en las reclamaciones, pero con una visión un poco alejada de los demás.

Es imprescindible entonces, estar convencidos, que las necesidades que cubre o arropa un salario debe ser suficiente para obtener todos esos factores de necesidad, por lo que, un mínimo siempre cubrirá eso, lo mínimo.

Todos aplauden y ven con mucha vehemencia, que la carta magna disponga de un «salario mínimo» que cubra las necesidades de una «canasta básica», convirtiendo esa ancla en la exigencia diaria y mediante las marchas que como este día, propugnan partidos políticos e incluso trabajadores y trabajadoras.

Necesario es, eliminar esa exigencia por un «salario adecuado» a los embates de la inflación y de la especulación, cosa que también debe ser exigido por los trabajadores y trabajadoras, como forma de evitar que ese salario adecuado pierda con prontitud su eficacia adquisitiva inmediata y así adquirir una estabilidad en ambos sentidos.

Como ya dejé entrever en líneas anteriores, con el dinero representativo del salario se debe bastar para cubrir todos esos aspectos señalados, de suerte que, si el estado decide iniciar un proceso de sustitución los mismos mediante su prestación se pueda optar entre recibirse gratuitamente o sin disminución de la adecuación salarial.

Indispensable es además, que se desatanice un poco el aspecto labor de las representaciones partidistas, dado que, les crean vicios y sustituyen exigencias que a la larga no favorecen a los trabajadores y trabajadoras.

Finalmente, se debe exigir no solo esa adecuación salarial, sino la eliminación o control de la inflación y la obtención de beneficios a cuenta no contractual de beneficios sociales o grupales que permitan la ampliación de la remuneración, todo ello, sin menoscabo de la retribución que deba el estado por efecto de los ingresos comunes para el desarrollo de la población, cómo parques, centro de recreacion cultural y tantos otros.

Feliz día del trabajador, la trabajadora y el trabajo.

Por Ricardo Coa, Abogado especialista en derecho laboral, Profesor de post grado de la UGMA Derecho Laboral y ex juez en la materia.

Foto cortesía de la conmemoración Día del trabajador, 1° de mayo 2022, Plaza Bolívar, Ciudad Bolívar

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