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Descendiente de una importante rama familiar de :la Nueva  Andalucía que se radicó en Angostura a la mitad del  siglo diecinueve, mantuvo inalterable  la línea de comportamiento que le asignó la experiencia atávica consustanciada con las normas del  civismo y el derecho y que lo supo  alimentar con una pedagogía muy del momento y una señalada filosofía vida. 

–Américo Fernández–

El primer Brígido Natera se ubica en Cumaná luchando bajo las banderas del liberalismo difundido desde Caracas para toda la provincia en las páginas del semanario “El Venezolano” dirigido por Antonio Leocadio Guzmán.

De su matrimonio con Juana María Guerra nació Brígido Natera Guerra, el 28 de julio de 1831, a menos de un año de la muerte del Libertador y recién consumada la separación de Venezuela de la Gran Colombia.

Brígido Natera Guerra fue un estudiante brillante de su tiempo que a la edad de 25 años se licenció en jurisprudencia, pero estando el país en crisis bajo la dinastía de los Monagas y avecinada como estaba una guerra larga entre liberales y conservadores, Brígido Natera Guerra buscó los aires reconfortantes de Guayana que ofrecía mejores perspectivas para su vida profesional. Aquí llegó en 1856 en uno de esos barcos que cubrían la ruta de cabotaje Orinoco – Mar de las Antillas y consecuente con las ideas de su padre, pronto tuvo ubicación en la corriente de los Dalla Costa, entre ellos, Juan Bautista Dalla-Costa Soublette, gobernador de Guayana en tres ocasiones.

Siendo Dalla Costa Soublette presidente del Estado Soberano de Guayana en 1867, año de su famoso Decreto sobre instrucción pública obligatoria y gratuita adelantado en 6 meses al de Guzmán Blanco, el jurisconsulto Brígido Natera Guerra era el Presidente de la Asamblea Legislativa y como tal le tocó, dentro del marco de la instrucción popular obligatoria y gratuita, firmar la Ley del 6 de diciembre de 1869 por la cual se creaba la Escuela de Artesanos , Industriales y Jornaleros que era aspiración del gremio de artesanos y obreros que ya existía en la ciudad y que se mantuvo vigente hasta mediados del presente siglo.

Tavera Acosta en sus Anales de Guayana dice que Brígido Natera Guerra contrajo matrimonio en Guayana con doña María Rosario Ricci el 26 de diciembre de 1859 y que desempeñó “muchos cargos públicos y de honor, preferentemente los relacionados con la instrucción popular, en los que dejó gratos recuerdos de su integridad moral y de la bondad de su alma”. Apartado de los asuntos políticos, dice que vivió feliz hasta su muerte acaecida el 9 de febrero de 1914 dejando a un hijo que fue honra y prez del Foro guayanés: Luis Antonio Natera Ricci.

El doctor Luis Antonio Natera Ricci contrajo matrimonio con María Luisa Grillet Alcalá y de este connubio nacieron María Teresa, muerta a los 12 años y Brígido Natera Ricci, quien luego de graduarse de Bachiller en filosofía (título expedido por la Universidad Central de Venezuela) se casó ,en segundas nupcias con doña Mercedes Febres Alcalá, hija de doña Emilia Alcalá Betanourt y José Jesus Febres Cordero.

ALCALÁ EL APELLIDO MAS ANTIGUO  DE GUAYANA

La familia Alcalá es de las más antiguas. Data desde los tiempos de Diego Fernández de Serpa, fundador de Cumaná en 1569. De aquí se extendió por Guayana a través de doña Isabel Alcalá, Juan Jiménez Alcalá y Jacinto Alcalá, quienes en 1618 junto al Gobernador Diego Palo meque de Acuña salieron en defensa de Santo Tomás de la Guayana, atacada por una avanzada de la expedición de Sir Wal ter Raleigh.

Al tronco de los Alcalá cumaneses pertenece María Manuela de Alcalá, madre del Mariscal Antonio José de Sucre y el prócer José Gabriel Alcalá, firmante del Acta de la Independencia del 5 de Julio de 1811 y miembro del Congreso Constituyente de la Gran Colombia. Radicado en Angostura junto con sus hijos Francisco y Javier, se casó el 28 de diciembre de 1828 en segundas nupcias con Basilia Espinosa dando él y sus hijos una frondosa, entrelazada y bien ramificada descendencia en la cual se encuentra no sólo María Luisa Grillet Alcalá, esposa del Dr. Luis Natera Ricci, sino Emilia Alcalá Betancourt, madre de doña Mercedes Febres Alcalá, hija de Emilia Alcalá Betancourt, quien a su vez era hija de Hortensia Betancourt (upatense) casada con Alfredo Alcalá, descendiente directo del prócer de la independencia José Gabriel Alcalá.

Doña Mercedes Febres Alcalá se casó en 1929 con Don Brígido Natera Ricci y de cuya unión nacieron Álvaro, editor y director del diario El Bolivarense, fundado por su padre; Berenice, Vicepresidenta de la Línea Aeropostal Venezolana; David, editor y director del Correo del Caroní; Alfredo, ex director del desaparecido diario El Pueblo; Luis y Maby. Otros cuatro hijos del primer matrimonio de Don Brígido Natera Ricci y que fueron igualmente criados por doña Mercedes son; Olga, Telma y los recientemente extintos abogado y poeta Alejandro Natera Contreras y el ingeniero Brígido Natera Contreras, quien fue Presidente de Petróleos de Venezuela.

DON BRIGIDO NATERA RICCI

Nacido en el casco histórico de la capital orinoquense, ya cuando asomaba el presente siglo y la ciudad no tenía más ofrecimiento que su gran río lleno de esperanza navegable hasta los mistrios de la selva. Su  vida transcurrió siempre en línea recta, sin la menor sinuosidad, paralela a los principios filosóficos de un teísmo humanitario, entre las ineludibles obligaciones del hogar familiar y el servicio público, bien en el aula como en el Foro, el Parlamento, en la administración pública o en la Logia o club (Leones) al cual pertenecía.

No pudo ser jurisconsulto o abogado como su abuelo y su padre, pero heredó toda la cauda de la ciencia del derecho y con el sólo título de Bachiller en filosofía que entonces solo era expedido por la Universidad Central de Venezuela, pudo ser durante diez años Juez de la Corte Superior, Juez de Hacienda y Fiscal.

Incursionó en la política al igual que sus antepasados y desarrolló su capacidad e iniciativas como Director de Política, Director de Educación, Secretario General de Gobierno,  diputado al Congreso Nacional y Presidente del Concejo Municipal de Heres.

Por otra parte, fue profesor  de Literatura del Liceo Peñalver, Venerable Maestro de la Logia Asilo de la Paz No. 13, Orador, periodista desde las columnas vespertinas de El Luchador y finalmente desde las páginas de su propio diario El Bolivarense.

El Bolivarense vino a ser su obra perdurable. Hoy es el decano y el primer periódico matutino inaugurado en Guayana, justo en los albores de la Democracia. Entonces estaba Don Brígido retirado de la política, el Foro, la docencia y dedicado por entero al ejercicio del periodismo, en su propio periódico que el primero de diciembre de 1957 comenzó a editar en los restos tipográficos de la Editorial Tala- vera fundada en la década de los años veinte por Monseñor Manuel Antonio Mejías, Obispo de la Diócesis de Guayana y Rafael María Villasmil, párroco de la Iglesia Santa Ana. En esa vetusta imprenta donde se editaba la Gazeta Eclesiástica, nació El Bolivarense y dieron sus primeros pasos en el periodismo toda una cáfila de profesionales por todo et país, incluyendo a quien esto escribe y al editor y director del Correo del Caroní.

DESVANECIMIENTO Y MUERTE

Un día de marzo de 1961, cuando en dirección al periódico atravesaba la Plaza Bolívar, sintió que el mundo se le iba sobre los rieles de un desvanecimiento que apenas si resistió por días el esfuerzo de aquella voluntad que siempre estuvo lista para sobreponerse a las dificultades bajo la divisa a flor de labio: “Dios proveerá». Y el Gran Arquitecto, sin embargo, había dispuesto y con el compás y la escuadra trazado la última línea de su vida.

El vespertino El Luchador, ese mismo 14 día de su muerte ocurrida en Caracas a donde había sido trasladado de urgencia, editorializó exaltando sus cualidades ciudadanas, impecable estilo He viHa fí-

“Un fuerte estremecimiento ha habido en el árbol guayanés. Murió el bachiller Brígido Natera Ricci. La noticia conocida y repetida en toda la ciudad pudiéramos decir que el eco la llevó sintetizada en tres palabras: Murió Don Brígido. Así lo llamaron en el transcurso de muchos años quienes hasta él llegaban simplemente a conversar de algo, a hacerle algunas exigencias o a consultarle su opinión en determinados asuntos. En todos los casos encontramos en el Bachiller Natera Ricci al mismo venezolano, es decir, cordial en la amistad, generoso en la medida de sus posibilidades o acertado en el consejo que sería la base para la solución del problema planteado. Luego se obtuvo de él, y así podrían testimoniarlo quienes lo conocieron, todo el arte de conocimiento, pues no puede olvidarse que poseía preparación aunada a prácticas honestas en cargos importantes que ocupó. En Ciudad Bolívar que para él fue el alero de sus grandes querencias familiares, echó a andar en diversas etapas iniciativas en beneficio de su tierra natal y así le vieron actuar desinteresadamente en cuanto pudiera resultar provechoso a la colectividad, sin parcialidad o mezquindad de ninguna clase. Como guayanés de buena cepa, su vida transcurrió bajo el signo de la amistad bien entendida y pertenecía a muchas asociaciones en las cuales hubo de merecer respeto en acatamiento a sus condiciones de buen ciudadano. Conoció a prestigiosas figuras de la Guayana que ahora encontramos en las redes del pasado no superadas y a muchas acompañó en momentos del tránsito inevitable y tuvo para ellas frases nacidas y crecidas en el reconocimiento sincero al mérito ajeno. Guayanés de los del tiempo viejo, el Bachiller Natera Ricci. En hijos y nietos queda la semilla. Recuerdos imborrables deja en una hilera de amigos”. (AF). 

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