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Pese a que el ciclo hiperinflacionario terminó a finales del año pasado y principios de febrero, el acceso a una buena alimentación sigue siendo casi un sueño para la mayoría de los venezolanos. Así lo explicó la Dra. Marianella Herrera, miembro del Consejo Directivo de La Fundación Bengoa.

Anaisa Rodríguez

«Lo que vemos es un retrato de la profunda crisis que se ha vivido y que se sigue viviendo. Es muy difícil describir la crisis por lo desigual de las brechas que existen. Hay un rango de ingreso entre 1 y 299 dólares, pero es poco el que gana los 299 dólares y ese ingreso sigue siendo muy bajo cuando se compara con el resto de la región», declaró a Román Lozinski.

«En este contexto, en Venezuela hay de todo: está el que tiene 1 dólar y solo puede comprar una harina; el que depende del Clap, el que necesita ayuda del vecino o de cualquier persona y está el que tiene acceso a la burbuja de servicios y comercialización, pero no tiene seguridad social, beneficios de un empleo formal, ni beneficios sostenibles. Por eso no es extraño que algunas personas digan que se sienten mejor, pero que el país no lo está, si cuando sales de tu casa o de la oficina, alguien está comiendo de la basura y te das cuenta de que las cosas no están bien».

Además, Herrera subrayó que ahora hay casos que no se habían visto antes: niños de 5 años -edad escolar- y mujeres embarazadas con signos de desnutrición aguda.

¿Qué come el venezolano?

La especialista aseguró que el patrón de alimentación sigue siendo el mismo de hace unos 5 años -en plena crisis- porque pese a que el venezolano tiene mayor ingreso, la canasta alimentaria ha aumentado considerablemente. «Antes ganaba 5 dólares y ahora como delivery ganó hasta 40 dólares diarios, pero sigo viviendo en un piso de tierra, no puedo operarme en una clínica ni tengo una vida estable. Puedo acceder a alimentos que sacien mi apetito, pero sigo rindiendo mi alimentación».

«El arroz, panes y pastas, harinas de maíz, gasas, son los principales alimentos. El consumo de proteína animal sigue por el suelo, vemos el elevadísimo consumo de lentejas versus la caraota negra porque no tengo gas para cocinar estas últimas durante horas. Además, falta el agua y todo esto contribuye a la inseguridad alimentaria, no es solo el déficit de alimentos, sino la falla en los servicios y esto es constante».

Destacó que no es solo la falta de alimentos, sino que la población no es educada para aprovechar al máximo lo que tiene y citó el ejemplo de la sardina. «La sardina sigue siendo una buena alternativa, pero lamentablemente no toda la población tiene apego hacia su consumo, un alimento que pudiera ser una buena alternativa no lo es. La gente prefiere comer carne y otro tipo de proteínas y eso es un falla. Se debería promocionar la salud y dar las herramientas necesarias para que las personas puedan tener una alimentación más sostenible, más adecuada en términos de cantidad y calidad, para no desperdiciar los alimentos».

Noticiero Digital

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