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Anaisa Rodríguez

Caracas, 25 mar (EFE).- Tres años después de que EE.UU. y Venezuela rompieran relaciones y entraran en una permanente disputa que parecía no tener fin, una sorpresiva reunión en Caracas entre Nicolás Maduro y representantes del mandatario estadounidense, Joe Biden, abrió una nueva vía y un reconocimiento velado al presidente venezolano que deja al opositor Juan Guaidó en el limbo político.

Desde que a principios de este mes una delegación estadounidense se reunió en la capital venezolana con Maduro, las especulaciones sobre un acercamiento real entre ambos Gobiernos fueron «in crescendo», lo que llevó al portavoz del Departamento de Estado, Ned Price, a salir a la palestra a desmentir que el encuentro supusiera un cambio en las relaciones.

El demócrata Joe Biden, siguiendo la ruta marcada por su antecesor en la Casa Blanca, Donald Trump, aseguró, en repetidas ocasiones, que desconocía a Maduro como presidente de Venezuela y que su Gobierno mantenía el reconocimiento de Guaidó como mandatario interino.

Sin embargo, la reunión en Caracas solo podía ser con quien tiene autoridad para abordar asuntos de Estado y ponerlos en práctica en caso de considerarlo, que es el mandatario del país, un hecho que pone en evidencia la nula capacidad del interinato, a la vez que reafirma el poder de Maduro, quien recibió a los enviados de Biden en el palacio de Miraflores, sede de la Presidencia que ostenta.

Qué, cómo y por qué

El encuentro en la sede de Gobierno se produjo con la invasión rusa a Ucrania -que había comenzado poco más de una semana antes- como telón de fondo, un conflicto que, de facto, cambió el mapa geopolítico mundial de manera inmediata, algo que se podía prever antes del comienzo de la contienda.

Y uno de los grandes problemas que planteó para numerosos países occidentales una guerra ya latente desde tiempo antes, e indirectamente, también para los que, en principio, no se vieron afectados de forma directa, es el del suministro energético.

Biden prohibió las importaciones de gas, carbón y petróleo de Rusia en respuesta a la invasión de Ucrania, una decisión que fue secundada por el Reino Unido, y que llevó a que los países de la Unión Europea pretendan, a corto plazo, reducir su demanda, para terminar rompiendo, en un tiempo no definido, las relaciones comerciales con su mayor proveedor.

Así, Occidente debe buscar alternativas, y este fue uno de los temas que se abordaron en Miraflores, puesto que Venezuela cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, pero el bloqueo, a consecuencia de las sanciones de EE.UU. al país caribeño, impide que las exportaciones se puedan llevar a cabo de forma regular.

Sin mayores detalles, las partes confirmaron que el posible suministro de petróleo venezolano a Occidente se trató en el encuentro, lo que implicaría, inevitablemente, el levantamiento de, al menos, parte de las sanciones, otro tema que se tocó en la reunión, y que solo se puede solventar con el presidente del país.

Y pese a que EE.UU. mantiene la postura de reconocimiento a Guaidó en detrimento de Maduro, de facto, lo reconocieron al sentarse con el único interlocutor posible, que no es otro que el mandatario.

También se habló de las liberaciones de reos, calificados como «presos políticos» por la oposición y diversas ONG, y que solo las autoridades gubernamentales pueden llevar a cabo, tal y como ocurrió, pocos días después, cuando se excarceló a dos ciudadanos estadounidenses que estaban detenidos en Venezuela.

Las liberaciones fueron, según la Casa Blanca, el principal motivo del viaje, aunque reconoció que se tocó el tema energético, pese a que -aseguró- , por el momento, no hay negociación para importar crudo venezolano ni levantar las sanciones, asuntos que van, inevitablemente de la mano.

Consecuencias

La visita trajo, como era de esperar, unas consecuencias inevitables, como la reacción, aunque tímida, de Guaidó, quien, desde hace tres años, se presenta como presidente de Venezuela, pese a no contar con atribuciones para gestionar instituciones públicas ni tratar temas de posibles exportaciones, dar prebendas a cambio de levantamiento de sanciones o liberar presos.

El hecho lo llevó a un limbo político, con la continuidad del reconocimiento como «presidente interino» por parte de EE.UU., pero solo de palabra, ya que, de hecho, las conversaciones sobre los asuntos tratados fueron con Maduro.

El opositor aseguró, días después de la visita, que era conocedor de la reunión y que él mantiene comunicación «rutinaria, habitual y constante» con EE.UU.

Pero a la fecha, y pese a las declaraciones tanto de EE.UU como de Venezuela después del encuentro, el contenido real y completo de la misma continúa siendo un gran secreto que tan solo conocen los participantes y quienes, posteriormente, lo supieron de primera mano.

La reunión también despertó recelos entre un grupo de congresistas republicanos de Florida, que instaron a Biden a no suavizar la política hacia el Gobierno de Maduro, que consideran una «dictadura», negociando o levantando sanciones.

Y mientras que algunas organizaciones de venezolanos en el exterior aprueban el acercamiento, otras lo rechazan, al considerar que EE.UU. está faltando a su palabra de desconocer a Maduro como mandatario. 

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